viernes, 25 de octubre de 2013

The brief distance

The brief distance
between the lips and air...
wishing that moment to never end.
That look we make
'cause You and I hesitate,
though we won't explain
what we are waiting for.

I've got to tell you
I've been looking for love
since I was born.
And now you appear,
at the place we met,
And I pray for that brief
moment to never end.

I know what to do,
because you are with me
and you make it look easy,
so easy..., I'm afraid,
but You touch me
asking me to keep quiet,
and I got a lot to say
but you don't care.

And then you swear
'I'm yours'
And I whisper
'I'll be with You'
and it's late, ...
you have to stay.

.............................................

It's five in the morning
and we have not slept yet,
just staring to each other.
Then you say
(it was not a question)
'should I go or should I stay'
-almost like a beg-

And for every answer
I kiss you and start
making you breakfast.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Almas muertas - Nicolai Gogol

Esta es una de las piezas de literatura más maravillosas que se hayan escrito. Y no es casual que se hayan escrito en Rusia, el país que tiene una tradición literaria bastante amplia, compleja y rica. 

Existe una cierta tentación en juzgar la novela del escritor ruso Gogol desde el punto de vista burocrático, lo cual no estaría mal. De hecho, podría decirse que es una de las lecturas más apropiadas en tanto que, según la navaja de Ockham, la hipótesis con menos suposiciones es la correcta, y eso es lo que ofrece esta lectura; por otra parte, dan ganas de interpretar el texto así porque precisamente Gogol se negó a que se le diera esa interpretación a su obra y renegó de ella. Hay una anécdota al respecto que dice que Belinsky acusó a Gogol de cambiar ideológicamente y de alguna manera de defender el stablishment (establecimiento) político de la Rusia zarista corrupta, fraudulenta y quebrada por dentro. 

En fin, obviando estas condiciones, la novela de Gogol se inserta en el ámbito de una Rusia enmarcada en la corrupción y un embrionario clientelismo, donde las personas con cargos públicos eran los que tenían acceso a beneficios, lo mismo que personas con tierras y con "almas". De hecho, el espíritu de la época se ve claramente reflejado en sus escritores; incluso Dostoievski pelearía también, a su manera, contra el estamento militar, quejándose de la mediocridad del pueblo ruso y el deseo de hacer una carrera de veinte años, para luego adquirir algún tipo de pensión.

Gogol nos cuenta la historia de Chichikov, un hombre misterioso que llega a una aldea, se hace amigo de los hombres importantes de ésta y secretamente empieza a adquirir "almas", lo que quiere decir, que hace pasar por suyos, aquellos sirvientes de otras personas que hayan muerto. Al parecer, el gobierno zarista cobraba un dinero a los terratenientes por cada empleado que tuvieran. Los terratenientes debían hacer un censo cada cierto tiempo, y el dinero que pagaban al gobierno se mantenía hasta que un censor llegaba y confirmaba que el terrateniente tenía más o menos empleados, dando de baja a aquellos que estaban muertos. El problema es que podía pasar mucho tiempo entre un censo y otro, y los terratenientes igual tenían que pagar por éstos, por lo que Chichikov fácilmente hizo negocio ofreciendo comprar dichos 'muertos' a precios muy bajos, quitándole la carga a los terratenientes.

¿Entonces cuál es la ventaja para Chichikov? Aparentemente ninguna, y es lo que nos cuenta Gogol a lo largo de su libro. Chichikov, un hombre maduro, está intentando hacer negocios, conseguir una mujer, tener hijos y vivir en una hacienda. Estas son las pistas que tiene el lector para intentar descubrir las verdaderas intenciones de este personaje, que parece demasiado amable para ser verdad. Ahora bien, por la pelea con Belinsky anteriormente mencionada, Gogol renegó de su libro y la segunda parte que había escrito la quemó, reemplazándola por los fragmentos que quedaron de la quema. Al parecer, hacia el final de su vida Gogol experimentó un cambio espiritual que lo hizo renegar de su anterior visión de la vida, y por tanto renegar de una pesadilla burocrática y corrupta como era la Rusia del siglo XIX no parecía tan importante como la búsqueda de Dios. Desde luego, esto es solo una suposición, y no debe interpretarse como algo diferente.

En suma, este libro nos cuenta un poco de una Rusia que se estaba agotando de ser imperial, de un ambiente en el que el tamaño del país hacía imposible cualquier administración expedita y que no pasara por los siempre problemáticos e incómodos asuntos de corrupción en la agenda pública. Yo estoy obviando muchas cosas de este libro, porque suelo arruinar las sorpresas, es decir, suelo ser 'spoiler'. Así que si alguien busca un buen libro que tenga componentes históricos, con licencias literarias, esta es una buena opción.

Todos los nombres - José Saramago

El libro del escritor portugués José Saramago, Todos los nombres, es un gran libro que vale la pena leer; se presta para muchas interpretaciones, y en un ejercicio de retomar una actividad, hago mi propia interpretación. 


***
Más allá de la pesadilla burocrática que cuenta la historia de don José, Todos los nombres nos cuenta una historia de amor, sumida en la práctica de lo imposible, consumándose en el recuerdo. De alguna manera, José Saramago pretende mostrarnos que muchas veces las cosas que desde la razón no tienen sentido o importancia terminan siendo las más importantes, si las sabemos mirar. Por tanto, una de las cosas que llama la atención que los que tienen nombres son las personas, y no los funcionarios, lo mismo que la ciudad, donde todo se llama con nombres genéricos como "cementerio", "registraduria municipal", "escuela" y similares. ¿Qué es lo esencial cuando se nombra algo?, parece ser la pregunta obligada que le plantea Saramago al lector. 

El Señor José, y la mujer desconocida, conforman un prototipo moderno: no sé por qué voy a hacer esto pero es lo que haré. Últimamente, en este mundo posmoderno, parecemos chiquillos, dando tumbos, caminando y tropezándonos una y otra vez, queriendo cosas que no hemos visto, e imaginando. El Señor José se imagina una y otra vez cómo sería aquella mujer desconocida. Y es necesario que lo haga, a pesar de que pueda verla en fotos, a pesar de que casi pueda estar en su cuarto, él está separado de ella por la pesadilla burocrática. Saber cuándo nació, cuando murió, y con quién se casó no le dicen nada de ella. Lo que le diría algo es un imposible: el tono de su voz, la viveza, su piel, sus ojos, todas esas son cosas que no se traducen en un documento, y no alcanzan a quedar registradas en la foto. Al menos no cuando se está enamorado.

En este libro, el escritor portugués explora una idea de romanticismo que nos aproxima a la incomprensión de este mundo posmoderno. Quebrar la barrera entre los vivos y los muertos parece ser el intento de quebrar la última barrera que no hemos podido cruzar; y para hacerlo, Saramago ofrece dos vías: o nos decidimos a juntar todos los documentos de vivos y muertos en una sola edificación, o nos decidimos a amar sin compromisos o ataduras de ninguna clase, solo por la voluntad de amar, sin buscarle razones ni motivos, sin sopesar actitudes, ni esperar nada a cambio. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Algún día seré capaz de contar la historia

"Tú debes estar vivo. Solamente vivir
Hasta el final"
Boris Pasternak

Algún día seré capaz de contar la historia,
sin sentimentalismos ni fanatismos.
Sé muy bien que un día nos reiremos,
y lloraremos, 
juntos y por separado,
porque sabremos, como siempre supimos,
que todo esto, no era sino un juego.

Algún día, querida, te diré lo que pienso.
Seré honesto, como solía serlo,
y te contaré mi historia,
sin mentiras, sin rodeos.
No para que me entiendas,
ni para que te enteres,
sino pa' que me quieras,
por lo que soy y lo que siento.

Mientras tanto, sigo buscando las rutas,
los caminos y las fuentes.
Estoy buscando el camino, el bosque,
el país perdido, la magia, la alegría,
y también, la comida caliente.

También he buscado el aplauso de los hombres; 
su regocijo, y su mentira.
He buscado al hombre, y al hombre
he querido, así muchos no lo crean.
Y me ha costado el mundo,
me ha costado la tierra,
porque todo es caro en esta vida,
hasta las risas, y una que otra pena.

Mas yo he mirado, 
y por eso, sé lo que es,
haber sido y haber rechazado.
He sido todos los hombres,
he sido el rico y el pobre,
el niño, el solitario, el asceta,
el del pueblo, el empleado, trabajador,
honrado, mediocre, mentiroso,
y todos, a su modo, son bellos.

Todos han sido amantes,
todos han sido amados.
Por eso sé con certeza,
que esta historia, esta que yo cuento,
no es más ni menos importante,
que lo que tenga que decir,
el ministro en su ministerio.

Algún día yo diré todas esas cosas,
y las dirán los demás. Porque de cuando
en cuando, los hombres se acuerdan
que hubo un tiempo, remoto ya,
en que las penas se curaban bailando.
Y en que la risa se calmaba llorando.

Mas no me quiero poner fatal.
Y cuando toque, nos iremos,
así que hay que irse riendo,
porque el poeta preguntó,
"¿qué pretende la gente con su 
determinación de disfrutar?"
Y yo le digo: pretende vivir la vida,
sin engaños ni trampas,
y quiere bailar y soltarse,
dejarse ir hasta que acabe.

Llegará el día en que nos digamos las cosas
totalmente sin rodeos. Así, como cuando dicen 
algunos que habla el hombre sincero. 
Porque es difícil no sucumbir al halago,
y más difícil es sucumbir a la verdad.
Y toda esta perorata, señoras y señores,
porque la palabra quiere palabra,
el verso con verso baila,
Y yo solo quiero bailar...
Solo quiero verte bailar.

martes, 18 de septiembre de 2012

Futuro.

El dos nace del uno más el uno, me contó
Cortázar una vez; antes de eso nosotros
fuimos ese dos, ese uno, y quiero pensar que
éramos sinceros, así tenga dudas
-no quiero remover la tierra-.

Quisiera pensar que alguna vez me amaste
y que tu partida estuvo realmente
motivada. También quisiera creer que yo
fui tan malvado como para hacerte ir.

Me gustaría pensar que los problemas fueron
externos, que fue mi pobreza, que fue tu
exigencia, pero que con todo alguna vez nos
amamos, aunque fuera por breves momentos.

Pese a todo, ya no hay ese amor, y lo que
alguna vez fue verdad hoy es sólo una
mentira. Mas yo digo: se miente para vivir.
Por eso la música, el teatro, la danza, la poesía.

No exigiré la explicación por la que me humillé
antaño; no hay culpas ni rencores, pues no ignoro
que, pese a todo, esas cosas no son ya
importantes.

Lo que pienso es que fue maravilloso,
pero eso ya quedó atrás.
Siempre, y exclusivamente,
atrás.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Me gustaría...

"...quiero probar si puedo ser 
absolutamente franco conmigo mismo 
y no tenerle miedo a la nuda verdad" 
Dostoievski

Te veo, y con la mirada construyo tu imagen.
Y la verdad es que yo no puedo tocarte. Moriría haciéndolo.
Sería hermoso, pero en verdad no puedo.
Lo único que puedo hacer es tocarte con la mirada.
Pasar mis dedos por sobre tus brazos y mis labios por tu cuello, sin tocarte.
A un centímetro del placer.

Se pierde el encanto, se pierde la vida.
Y yo, sigo esperando que el sueño continúe.
Me gustaría tocarte, pero lo olvidaría.
Me gustaría saberte, sentirte y narrarte,
pero te me escapas porque quiero que te vayas.
Si no te vas no puedo disfrutar saber y entender
que no sé ni entiendo cuando estoy contigo; haría cualquier cosa,
menos tocarte.

Te recordaría como siempre, cada mañana, durmiendo a tu lado,
dejándote ir, sin tocarte siquiera la punta de los cabellos.
Solo mirándote, sólo encontrándote al despertar, las cenizas
de algo que nació y murió. Cada noche la misma cosa...
entonces toco el piano para ti. Mis manos tiemblan pero los dedos
se acostumbran a tocar incluso con manos inestables.
Me miras, te acercas...pero no puedes tocarme.
Lo arruinarías. Acerca tu mano, déjame sentir tu aroma, acércate, completa, mía...
sólo, no me dejes tocarte, o se arruinaría...

miércoles, 22 de agosto de 2012

...

Me paro frente a las vías del tren. Lo oigo
acercarse y espero lo inevitable.
Cuando veo las luces mi cuerpo se estremece
y me hago el valiente. De pronto, sucede eso que
llevo esperando todos estos años:
me quito de las vías.

Mas es tarde; el tren me golpea y me lastima.
Queda poco tiempo. Ya no hay tristeza:
hay un deseo insatisfecho; esa brecha entre
el placer y el displacer: paz, tranquilidad...
a estas alturas no sé cómo llamar esa sensación.

Miro de reojo y veo su silueta. No puedo
estar equivocado; por primera vez no puedo
estar equivocado. Se acerca y con su presencia
aparece la música.

Mi cuerpo es el instrumento, y mi alma las cuerdas.
Tócalas, y deja que la música fluya. Después,
ábreme el corazón, y saca tu miniatura. Ya no
necesitamos ese recuerdo: ya no queremos ser recordados.

Comentarios sobre Midnight in paris


No pretendo hacer crítica de cine. No porque no me sienta capaz, sino porque siempre he detestado a los que hacen crítica sin hacer el ejercicio mismo de creación. No, haré otra cosa. Al mejor estilo de Dostoievski y sus memorias del subsuelo yo también entro retando al ruedo retando a duelo. Con la dureza de la palabra y la seguridad de no tener nada qué perder, así se va por la vida muchas veces. Ya sabes, a veces ganas y pierdes y no tiene importancia. Pero sabíamos que las cosas terminarían de uno u otro modo, te lo dije varias veces, y en la película Woody Allen lo expresa, así que yo expresaré mi propia opinión.

Para empezar creo que el problema centra de la película es una preocupación que siempre ha inquietado a su director y es la posibilidad de empezar una nueva vida sin amarrarse al pasado, sin vivir por y desde él. En Midnight se cuenta la historia de un hombre que gusta de las reliquias y adora Paris en la medida en que allí vivieron los grandes artistas de muchos tiempos, siendo la ciudad par excelence del amour. El tipo es un escritor, uno de esos que abundan, uno que sabe escribir tan bien que se da el lujo de vivir de ello -esto es, escribir guiones para cine industria-. Decide abandonar esa vida por emprender la búsqueda de la literatura, una búsqueda que él mismo reconoce tardía pero que debe hacer. Su mujer, no muy de acuerdo lo apoya solo a medias, insistiendo en que si la novela fracasa deberán volver a hollywood, donde según ella, "los estudios lo adoran".

Creo que el problema central no tiene que ver con encontrarse a Hemingway y conocer su ruda personalidad, acto este motivado por un afán de vivir en un imposible, en un recuerdo que se presenta tantas veces como se desea pero que cada vez es menos claro y se hace más y más lejano. Tampoco el problema es si los críticos de arte perdieron el tiempo interpretando las obras de Picasso e inventando toda clase de teorías para explicar un cuadro que fue motivado por la voluptuosidad de una de sus mujeres. Es más, me atrevo a decir que el problema no es ni siquiera la tarea del artista (expresada en la frase "la tarea del artista no es sucumbir ante la desesperación sino encontrar un antídoto frente al vacío de la existencia") en el mundo y sus intenciones, tampoco es voluntad. El problema es iniciar una nueva vida. ¿Hasta dónde tenemos esa posibilidad? Al protagonista se le presenta la oportunidad de encontrarse con ese pasado que tanto desea, para al final descubrir que la persona que conoce allá no se siente la gran cosa y termina por querer ir aun más atrás, a la belle epoqué. Como si importara, discuten y argumentan cuál época fue mejor. Woody Allen muestra un concepto que ya había expresado Hans Gadamer (al menos es al que recuerdo, pero en toda la historia de la filosofía seguro que alguien más ya lo habrá dicho) y es que en el arte no hay tiempo, en la medida en que no es posible pensar que sea mejor Shakespeare que Dante salvo por el gusto personal. En esa medida, la película centra la problemática en el nuevo comienzo. Si recuerdan, inicia con un viaje que implica toda una salida del statu quo en que viven el escritor y su prometida -en una relación que termina pero da comienzo a algo más en la escena final del caminar bajo la lluvia parisiene-.

En cualquier caso lo que se piensa a primera vista es que Allen propone que no se quiera vivir en el pasado, pero yo no estoy de acuerdo. La tienda de recuerdos queda en el imaginario del espectador a través de la chica de la escena final, Gabrielle creo que se llama el personaje, una chica que se hace amiga del escritor por su afición a las cosas antiguas. Allen no está condenando ese gusto por los antiguos, lo que condena es que se caiga en la derrota de la imposibilidad de ese regreso, imposibilidad que se refleja cuando el escritor no quiere ir a la belle epoqué, porqueya no le interesa. El pasado puede perdernos, más si no sabemos de qué lugar exactamente venimos. Y terminamos añorando nostálgicamente cuestiones que ni siquiera habríamos podido comprender (sucede mucho en las áreas del conocimiento afines a las humanidades y las tradiciones).

Tampoco se propone un olvido total del pasado -cosa también risible- porque es un absurdo. En eternal sunshine of the spotless mind el asunto no es borrar los recuerdos porque sí, es darle a las personas la oportunidad de borrar aquello que no las deja iniciar otra vez y seguir el viaje. Todo esto por una sola razón: hay un momento de la vida en que creemos que se ha terminado, y podemos decidirlo. Sin embargo ese momento solo se da plenamente cuando ya no hay consciencia, bien sea porque se tomó la decisión, bien porque no alcanzamos a hacerlo pero sucedió. En cualquier caso, el viaje sigue. La vida y la fuerza son la misma cosa, un impulso, un flujo, un viaje hacia ninguna parte que nos conduce, o que nosotros caminamos, buscando quizá las huellas del pasado o...buscando algo que no queremos encontrar. O mejor aun: buscando una proyección. Y es en esa proyección donde las paralelas se juntan: en el infinito.

sábado, 28 de julio de 2012

Quédate.


Ha pasado tiempo, ¿verdad? Sí, lo sé. ¿Lo recuerdas? Aun éramos jóvenes. Aun discutíamos por las nimiedades de la vida, sin saber disfrutarnos el uno del otro. Pero no era la edad. Era que no nos queríamos. Y yo siempre amé no tenerte, siempre amé que no me dijeras ni que supieras de mí. Amé la imposibilidad que llevaba tu nombre. Hasta ahora.

Creo que te lo puedo decir sin temer a que sientas el peso del compromiso: te amo y soy ligero. No como una pluma, sino como alguien que se despide de la vida enamorado: ¿qué importa? Hoy, ahora, eres mía. Ahora te tengo y no eres un sueño soñado. Ahora que te miro sabes que me brillan los ojos de solo oír tu nombre. Lo repito día a día al levantarme y al cenar. Sí, eres mía. Sé que te irás. Deberás volver a casa, pero hoy, querida, quédate conmigo. No vayas a prometer nada (no te sale bien) que yo tampoco lo haré. 

Quédate esta noche tan si quiera, que luego, mañana, te dejaré ir, como lo he venido haciendo todo este tiempo. Y cuando me preguntes ¿y luego? ¿y luego? ¿y luego? Yo responderé con un silencio, un beso en la mejilla y dormiré. Te diré que te quiero, que te querré en la mañana, y que lo que hoy te diga, será pasado. ¿Me querrás? Te diré que no lo recordarás ni te importará. Pero no es sacrificio, porque hoy, te tengo; no te necesito cuando te siento.

Te diré...que si fuera mañana,
si el presente y el futuro 
fueran dos cosas diferentes, 
entonces esperaría el momento adecuado.

Para bien o para mal...ese momento
no existe. Todo se actualiza. 
Entonces, te digo, sinceramente,
con todo y mi rostro sonrojado,

que te quiero. Tómalo como una
insinuación; tómalo como un 
sí pero no. Tómalo, en últimas,

como un hombre que te escribe
en el cuerpo: sólo por el placer
de escribirte.

domingo, 22 de julio de 2012

Me hacía daño estar cerca...
bastaban unos minutos a su lado para
sentirme a un tiempo feliz y desdichado.
Esperar un poco, acostumbrarme a su ausencia,
y luego sentir que estaba enamorado,
de su imagen, del recuerdo.
De lo imposible.

Creía amar y lo creía sinceramente.
El orgullo, la vanidad, y sobretodo el compromiso
me tuvieron conectado a un respirador artificial.
Postrado en la cama, viendo la vida pasar;
sin poder dormir, sin poder hablar.

En convalecencia me enteré de cosas que no habría
querido saber con tal detalle.
Me escribió una carta sincera como dolorosa,
una carta que no debí leer jamás, pero que leí
de todas formas.

Me hace daño estar cerca y se lo hago saber.
Me hace daño porque no es constante, porque
no puedo contar con su presencia, con su tiempo,
con sus palabras.

Pero cada vez que está cerca, cada vez que toca
mi mano, el mundo, con sus ojos, parece tener
sentido.
Contigo, cariño, todo tiene sentido, y olvido
que hay algo decididamente mal hecho en el
mundo.

Me haces daño, mi amor. Me muestras
el paisaje, el poema; mas nunca te quedas
a verlo conmigo. Y los que hago para ti
ni los miras ni los oyes.
¿Para qué la belleza si no hay el amor?

Algo que me alivia es que ya no
te sueño, ni te miro ni te pienso...Pero te recuerdo.
Y dueles como un astilla clavada en mi corazón.
Dueles hasta hacer las lágrimas saltar a su antojo
y discreción.


viernes, 20 de julio de 2012

The blessed by W.B. Yeats (original and translated)


    Cumhal called out, bending his head,
    Till Dathi came and stood,
    With a blink in his eyes, at the cave-mouth,
    Between the wind and the wood.
       And Cumhal said, bending his knees,
      'I have come by the windy way
      To gather the half of your blessedness
      And learn to pray when you pray.


      I can bring you salmon out of the streams
      And heron out of the skies.'
      But Dathi folded his hands and smiled
      With the secrets of God in his eyes.


      And Cumhal saw like a drifting smoke
      All manner of blessed souls,
      Women and children, young men with books,
      And old men with croziers and stoles.


      Praise God and God's Mother, Dathi said,'
      For God and God's Mother have sent
      The blessedest souls that walk in the world
      To fill your heart with content.'


      And which is the blessedest,' Cumhal said,
      'Where all are comely and good?
      Is it these that with golden thuribles
      Are singing about the wood?'


      'My eyes are blinking,' Dathi said,
      'With the secrets of God half blind,
      But I can see where the wind goes
      And follow the way of the wind; 


      'And blessedness goes where the wind goes,
      And when it is gone we are dead;
      I see the blessedest soul in the world
      And he nods a drunken head.


      'O blessedness comes in the night and the day
      And whither the wise heart knows;
      And one has seen in the redness of wine
      The Incorruptible Rose,


      'That drowsily drops faint leaves on him
      And the sweetness of desire,
      While time and the world are ebbing away
      In twilights of dew and of fire.'


      Bienaventuranza (Versión en español.)

      Cumhal gritó, meneando la cabeza,
      Hasta que Dathi llegó y se detuvo,
      Con un destello en sus ojos, en la conmisura de los labios
      Entre el viento y la madera.

      Y Cumhal dijo, incándose de rodillas
      "He venido por la vía del viento
      Para reunir la mitad de tu bienaventuranza
      Y a aprender a orar mientras oras.

      Puedo darte salmón sacado de las corrientes
      Y garza sacada de los cielos".
      Mas Dathi plegó sus manos y sonrió
      Con el secreto de Dios en sus ojos.

      Y Cumhal vio como un humo a la deriva
      Toda clase de almas benditas,
      Mujeres y niños, jovenes con libros,
      Y hombres viejos con báculos y chales.

      "Alabanza a Dios y a la madre de Dios", dijo Dathi,
      "Por Dios y la madre de Dios han enviado 
      Las almas mas dichosas que caminan en el mundo
      Para llenar el corazón de gozo".

      "¿Y cuál es la más dichosa?", dijo Cumhal,
      "¿Dónde todos son dichosos y hermosos?
      ¿Es a estos que con incensarios de oro
      Está cantando sobre la madera?"

      "Mis ojos parpadean", dijo Dathi,
      "Con los secretos de Dios medio ciego,
      Pero puedo ver donde va el viento
      Y seguir la vía del viento;

      Y la bienaventuranza va donde el viento va,
      Y cuando este se va estamos muertos;
      Veo la más bendita de las almas en el mundo
      Y él asiente con la cabeza ebria.

      Oh, la bienvanturanza viene en la noche y en el día
      Y hacia donde conoce el sabio corazón;
      Y quien ha visto en la rojez del vino,
      La Rosa Incorruptible,

      Que soñolienta deja caer hojas sobre él
      Y la dulzura del deseo,
      Mientras el tiempo y el mundo están menguando
      En ocasos de rocío y fuego".

      Se fuerte y muere.


      Respira profundo mientras tus pulmones funcionen como deben.
      No sonrías si no eres sincero; di lo que piensas sin temor.
      Busca en tu propio corazón las historias que serán
      el futuro de tu vida; inventa, que no te pasará nada malo.
      Sueña, que igual despertarás una que otra vez.
      Sé duro y sé honesto. No abraces ni felicites ni alabes cuando no te creas.
      No des jamás consejos. Vive la vida. No escribas si no lo necesitas. 
      (Hay personas que no pueden vivir sin escribir. O viven para escribir).

      Cuéntale cuentos a la persona que amas. Olvídate de lo que eres 
      y lo que puedes llegar a ser. No te aflijas por lo que hagan los demás.
      No creas en el arte superior, ni privilegies nunca concepciones
      exageradas de la vida, el arte y todo lo que huela a creaciones divinas.
      La divinidad es asunto de santos no de hombres, así que no te tomes demasiado
      en serio lo que sea que te dediques a hacer, aunque hazlo con el amor
      que se requiere.

      Recuerda siempre que la vida te dará de lo que le des, que el
      mundo es tuyo y no te pertenece. Ten presente que estamos
      aquí por un día o dos, y eso es todo. No te canses de ti.
      Para eso, cambia siempre, no temas. Cambia todo lo que quieras.
      Llora. No pienses. Piensa. Sé. Vive. Muere.

      jueves, 19 de julio de 2012

      What a wonderful world


      "En un mundo astillado hay que atender a las astillas" Geertz

      Jorge se sentó jungo a Sara, y observaban desde un parque lo que ocurría en el mundo, sentados en una silla, teniéndose únicamente el uno al otro. El sol brillaba, iluminaba todo el lugar. Estaban en la silla universal, desde un lugar donde podían verlo todo, hacerlo todo, tenerlo todo. Y sin embargo, pese a las posibilidades lo único que había era muerte y destrucción por todas partes. En el fondo ellos ya lo sabían.

      -¿Ahora a donde, Sara?, preguntaba Jorge, quien un poco entristecido miraba las guerras, los insultos y la debacle universal de todo cuanto ocurría entre nosotros. -A Irlanda-, dijo Sara, con una sonrisa.

      Quería animarlo, quería hacerlo sentir satisfecho pese a todo. En algún momento todo aquello habría de terminar, pero ¿cuando?, si siempre habían visto lo mismo. Entonces sin palabras se dijeron lo que habían de decirse y emprendieron la marcha. En Irlanda la cosa no iba mucho mejor; tampoco en Francia, España, Dinamarca, Suecia y Finlandia. Todos los lugares del mundo estaban derrumbándose. Dice entonces Sara que lo mejor sería cantar.

      -Las canciones siempre animan-, dice.

      Cantan war de bob marly. Cantan what a wonderful world de Armstrong. Cantan y ponen a cantar a la humanidad, que se identifica con el canto de las mismas canciones. No se reconocen como hermanos, pero al menos tienen la intención de intentar reconocerse como tales y dejar de matarse. O matarse dignamente, pero hacer por fin algo que se le pueda llamar humano. Y así, cada persona de este mundo emprende su propia búsqueda, se sienta en esa silla y ve lo que quiere ver, que dará igual. Luego de eso podrá cantar. No es lícito cantar si no se ha sufrido. El crimen, la vejación, todo eso es preocupante. 'Quizá habría que humanizar el conflicto', piensa Jorge. Sara, que lo acompaña hasta en sus pensamientos sonríe y le dice:

      -No sueñes con pendejadas. Eso no va a pasar; somos lo que somos y ya esta.
      -Es solo que desearía que no nos matáramos entre nosotros. Eso es todo.

      Sin embargo, Sara tiene razón. Las mujeres siempre tienen los pies en la tierra. Una vez más, ambos se sientan, sonríen. Van atrás en el tiempo, justo antes del estallido de la guerra.

      -¿Recuerdas? Qué pequeños que eramos. Entonces teníamos miedo, y ahora, míranos, qué valientes que somos.
      -Pero la valentía no se hereda, corazón.

      Jorge se pone cabisbajo, por lo que Sara lo mira a los ojos, le toma la mano y agrega:

      -no hay nada que no deba ser vivido, ¿recuerdas? Lo escribiste en tu poema, ese que me mostraste el otro día: "hay que serlo todo, angel y demonio, asesino y asesinado, es la vida..."

      -Lo recuerdo: "...esa vida que pide a gritos ser vivida/ esa muerte que no escapa y nos muestra la agonía./ Vida y muerte que son el mismo ciclo/ y reclaman la presencia de nuestra existencia,/ allí donde todo nace y muere: la fuente". Claro que lo recuerdo. Pero eso es precisamente lo que no me gusta del arte y la filosofía. Esa sublimación y justificación de ideas simples traducidas en hechos simples. Yo no peleo con el asesino, con el violador. Solo pongo más atención a quien ha sido asesinado, a quien ha sido violado, a la víctima. Que todos nos perdonemos, sí; que todos seamos hermanos, jamás. No soy tan loco para desear semejante tontería. Deseo paz. Hay que serlo todo, sí. Pero eso no da ningún derecho para atentar contra los demás. Ese pirncipio es lo que hace que yo no sea posible como ser humano, porque serlo todo es serlo todo, y yo no estoy dispuesto a ser un asesino para vivir.

      -No lo seas, pero deja a los demás serlo. Si quieren matar, que lo hagan. Y eso no es justificar cosas simples. Pero igual entiendo que te duela, es tu forma de vivirlo...está bien, sufre si quieres, observa todo lo que quieras a los que sufren, siente... Eso es tu forma de vivir.

      -No, no es mi manera de vivir. No sufro por esto, doy por sentada la miseria en el mundo. Pero no es miseria, es el sentimiento que nos impulsa a ser como somos. En el fondo sonrío, somos siempre tan ingenuos. Parece que no hemos empezado el primera capítulo. ¿Sabes qué? Tienes razón. No deseamos aun el amor como especie, o género, o como queraís. Pero podemos empezar a escribir la primera línea, ¿no te parece? Tú y yo, escribiremos ese mágico érase una vez y continuaremos otra vez. Sin lagrimeos, sin pendejadas, sin mentiras ni secretos. Tú y yo. ¿Qué dices?

      -Digo que sí, yo no me pienso negar...

      lunes, 16 de julio de 2012

      ...


      Estas vanas sutilezas no tienen un título que exprese con propiedad lo que quiere decirse. En todo caso, no me pareció apropiado apodarlo precisamente "vanas sutilezas" por lo inseguro de dicho título. Hay, eso sí, una necesidad de expresar con propiedad algo. Este puede servir de esbozo...literario, digamos. Por eso el final de crítico literario, aunque eliminando todo sentido crítico y dejando paso al regusto personal o individual.


      ***

      Hay varios motivos para expresar. Hay un impulso inicial que hace que eso sea posible. Un sueño, una larga meditación, un soplo divino, qué se yo. Soy escritor y jamás he podido dar con el chiste de ese asunto. A veces algo me ocurre y sé perfectamente que podría vivir sin ponerlo por escrito, pero siempre me descubro traicionándome a mí mismo y lo escribo en mi mente. Entonces no quiero hacer la triquiñuela de Pirandello y dejarlo ahí, y prefiero ponerlo por escrito. Hay una especie de placer, pero no es propiamente placer de consumo, es otra cosa. Es un placer inteligente, egoísta, egocéntrico, seguramente, pero inteligente al fin y al cabo. Es como si a veces creyera que por escribir ayudaría a alguien a sentirse mejor, lo haría olvidar sus problemas o le ayudaría a enfrentarlos con el valor que requiere. Por eso quizá mi primer gran amor en literatura y mi autor de cabecera fue Dostoievski. Ese señor conseguía ponerme en aprietos, con sus preguntas y cuestionamientos, hechos de manera en que solo un hombre sabio puede hacer: sin juzgar. Junto a él se encontraba Nietzsche, Kierkegaard (siempre lloré leyendo el prefacio de 'Temor y temblor') y Cortázar. Un poco más allá me dejé seducir por la sabiduría de San Agustín, a quien también admiré mucho en mi adolescencia (aun hoy siento mucho respeto por él, pero ya sin el fervor de la juventud). Todos ellos tenían en común temores religiosos, juntados con preocupaciones existenciales y con la creación de ídolos. Pensé en explorar mi propia vida, en descubrir qué clase de clichés, qué clase de sentimiento propio estaba extrapolando yo para con ellos. De una u otra manera, quien conozca a esos autores encontrará muchos matices en que se asemejan (las paralelas se tocan en el infinito), pero yo no me parecía a ellos. Quería 'ser como'ellos. Compartía las preguntas de Dostoievski, adoraba el estilo de Nietzsche, veneraba la pulcritud de los textos de Kierkegaard y me sentía maravillado por la ternura y simpleza de Cortázar, todo ello junto a San Agustín, quien escribía tan precioso para su tiempo, como un adelantado. Sin embargo, fue Henry Miller quien me despertó de ese embrujo de querer escribir como otros. Fue él quien me mostró que era posible equilibrar la admiración de los maestros con la intención de hacer un propio camino. El camino, antes de crear, era creer: en uno, en sus propios criterios, en su propia fuerza y en el despliegue y la capacidad de desbordar situaciones. Entonces cesó la admiración. Para entonces ya bordeaba los veintitantos, y ya no era tan impresionable como antes. Ahí me decidí a perder el miedo y publicar cosas. Mis primeros textos eran música hecha letras. Eran demasiado sensibleros y llorones como para ser publicados. Pese a ello los publiqué, creo que porque eran textos enfermizos que pretendían ser gaza y curar las heridas que tenía acumuladas hasta entonces (dijo Henry Miller una vez: "un escritor escribe para sacar todo el veneno que ha acumulado durante el tiempo en que ha vivido en un mundo falso, un mundo que no es el suyo"). 


      ***

      Al final nadie puede salvarte de tu destino -si es que ya lo conoces y lo has elegido. Si vives en la deliciosa ignorancia de lo que pasará, es probable que vivas muchos años, llegues a viejo y disfrutes cada vivencia como una deliciosa fruta, justo como yo-. En todo caso aún no estoy muy seguro de si mientras escribía y componía cosas era agradable ver morir a mis amigos y todo a mi alrededor. Es cierto que ellos me inspiraban cosas, y fue gracias a esas inevitables pérdidas en la vida de cualquier hombre las que me hicieron mejorar lo que -ahora sí- puede llamarse mi arte. Al fin había aprendido a alejarme de la poesía, y hasta había empezado a escribir cuenticos, para chicas, para amigos muertos, para cantantes que conocí. En fin que no destaqué mucho en ningún campo pero me hice un nombre a fuerza de publicaciones; era eso o lagartear por ahí, algo que no iba a resultar jamás dada mi personalidad. Pero nadie te salva de tu destino, esa es la clave. Si acaso encuentras que has de hacer algo en tu vida entonces terminas por hacerlo de uno u otro modo, vaya uno a saber por qué. Es probable que sea coincidencia, o que así como hay personas que somatizan y sus males las haya las que somaticen sus objetivos. Es probable. A estas alturas de la vida no se preocupa uno demasiado por saber lo inevitable, más bien la preocupación desaparece y lo que queda es un esfuerzo más bien explicativo que interpretativo. Decir por qué las cosas ocurren como ocurren. Obviamente que estas cosas no pueden despacharse de un solo golpe como se suele hacer con lo que no se entiende. Yo creo tener razones para pensar que todo lo que ocurre son decisiones colectivas. Y creo que habría que saber responder a esas decisiones con otras decisiones, siempre colectivas. Los sociólogos se lamentan de estas cosas, pero entre más pasa el tiempo más se acostumbra uno a la maldad, y entonces termina dando por sentado la crueldad, la barbarie y la violencia. Antropológicamente también nos pertenecen, y aun no hay hombre suficientemente sabio capaz de decir si acaso esas cosas no constituyen también un ideal de 'lo humano'. Hay tantas cosas que no se saben, pero nuestro tiempo ya no quiere saber muchas cosas. Quiere saber las adecuadas, quiere saber bien, y quiere amar.

      En ese caso, que se joda el destino. Un hombre enamorado no se interesa por su destino, se interesa por amar y bailar esa pieza que tiene en frente con la persona que ama. Eso se entiende únicamente cuando uno hace las cosas estando perdidamente enamorado, incluido amar (porque enseña el maestro Dostoievski que enamorarse no significa amar). Al final uno puede contar las personas de las que se ha enamorado y hacer una larga lista; no así con las personas a las que amó. En mi tiempo de militancia por la fenomenología descubrí que era posible incluso enamorarse hasta por un día, lo cual, desde luego, me pareció una nimiedad. En todo caso entendí que era posible, que el cerebro construye esa clase de maquinaciones para mantenerse a salvo y protegido, para seguir la vida que llevamos sin sentirnos afectados, sea cual sea esta vida. Entonces aprendí a decirle adiós a todo, a no apegarme, a dejar ir ese enamoramiento tan corto. Los científicos le pusieron tiempo a ese asunto, pero más que un asunto de hormonas es un asunto de decisión y de intención. Una vez, por ejemplo, me cansé de estar enamorado. Seguramente cuando me cansé ya no lo estaba, pero la cosa es que con esa persona ya no podía componer ni escribir, y llegado el momento, cuando tuve que tomar la decisión, elegí la creación. No me veía sentado, esperando encontrar un disfrute pleno en la contemplación de algo. En cierto sentido era y sigo siendo un hombre de acción. De acción a medio empezar y a medio terminar, pero de acción al fin y al cabo. Además no logro concebir la sublevación de ideales demasiado altos, como ese de la contemplación por el disfrute, el arte por el arte, o cualquier cosa desinteresada. Que en la creación haya deseo implica ya que no puede haber desinterés propiamente dicho. Habrá desapego, desterritorialización (Delueze), pero no desinterés. Por eso es que no pude seguir con esa persona.

      (Comoquiera que haya sido, aun me sigo preguntando qué habría pasado si hubiera tomado la otra decisión. Me da algún tipo de curiosidad pensar qué habría sido de mi vida su hubiera sido del otro modo, si quizá alguna vez hubiera eliminado mi necesidad de expresarme como lo hago, si habría sido capaz de erradicar impulsos literarios. Creo que no. Creo que la decisión fue correcta, y tampoco invierto mucho tiempo en esto. Son reflexiones que ocurren a veces, como pensar qué habría sido de España si no hubiera sacado a judíos y árabes en la Edad Media, si sería quizá el territorio más importante y avanzado cultural y económicamente, si se hubiera perpetuado la paz de las religiones más importantes del mundo en ese territorio donde convivieron alguna vez. Luego recuerdo que voy tarde a una cita y dejo a un lado ese impulso reflexivo para retomarlo más tarde, en otro punto y sin ninguna ilación continuar con el relato.)


      ***

      Para ser honesto, habría que concebir todo lo que ocurre como eso, como un todo, como una causa y una consecuencia perenne. Entre más personas a tu alrededor mueren, más comprendes el valor de la vida ("se piensa en la muerte cuando no se está seguro de la vida". Jodorowsky), la importancia y relatividad de la muerte, la fugacidad de la vida y el significado de la risa. Entre más viejo me hice más me reía, todo parecía más pequeño y distante. Entonces vinieron los problemas. Asumir a fondo una actitud de ese tipo es pernicioso como pocas cosas en la vida. Asumir que nada es tan importante como para ser realmente tenido en cuenta puede ser la cosa más problemática de este mundo. Un verdadero artista, un gran sabio, esos hombres comprenden la importancia de la vida y no le quitan valor, como a primera vista se piensa. Lo que hacen es que aprenden a sopesar cargas, a sobrellevar tristezas y nostalgias, a pensar que el mundo no es malo por naturaleza sino ignorante, y que un día seremos capaces de habitar los unos con los otros sin tanto perendengue. En mis últimos días quise hacerme sabio, pero para eso no dan cursos. Se es o no se es y eso es todo lo que queda. Me llamaba la atención saber de que iba todo ese asunto, pero no logré descubrirlo sino después, es decir, ahora, en los últimos días de los últimos días de un periodo de tantos. Y lo que comprendí fue que la sabiduría no tenía que ver con canas, sino con risas ("quien comprende la filosofía entiende la risa" Ibid.). Al final, estallaría en una carcajada tan estridente que sonaría a grito desesperado pero sería más bien la risa de un hombre que cruzó la meta y sin darse cuenta dio un par de vueltas más. En su estupefacción encontró el alivio riéndose de sí mismo, y eso lo alivió. Así me reiría yo. Luego, un estallido del corazón.

      Así que dejé de ir a cine, dejé producir cosas, y centré la atención en mi cátedra de literatura rusa para dedicarme exclusivamente a meditar largas horas. Supongo que quería provocarme una depresión como cuando niño, solo que esta vez el nivel sería más alto. Los pensamientos eran otros, la concentración otra, preocupaciones totalmente diferentes. Entre más grande se hace uno más distracciones se requieren, porque centrar la atención mucho tiempo en uno mismo termina por hacer daño. ("cuando miras profundamente en un abismo no olvides que este mira dentro de ti" Nietzsche.) Lo bueno fue que dejé también de meterme en la vida de los demás, de dar consejos y humildes opiniones para simplemente emitir juicios -si me lo solicitaban- y guardar un absoluto mutismo. Así todo fue de maravilla, pero algo faltaba, y esa sensación me ha acompañado durante toda mi vida. La diferencia es que descubrí (o acepté, o entendí, o me resigné...) que no faltaba nada, que simplemente estaba haciendo las cosas equivocadamente. ¿Era mi destino ser escritor y músico? No lo sé, joven Rilke. Probablemente tal cosa no exista y lo que tengamos sea deberes para con nosotros mismos, como disfrutar la vida, quitarle importancia a las penas y, en fin, conseguir mejores ofertas laborales de cuando en cuando.


      ***
      Al final, uno de los personajes más importantes de análisis es Andrés Caicedo, el joven escritor colombiano que levantó la mano contra sí mismo en un acto mitad desesperado, mitad calculado, sobre su propia percepción de la vida. No me inquieta la pregunta de por qué se mató, sino otra cosa. Caicedo esperó hasta que su novela estuviera publicada para matarse y siempre me he preguntado por qué, si en todo caso sus cuentos son muchísimo mejores que su novela. Creo que tiene el valor de que fue terminada, mientras que en sus cuentos puede acusarse cierta incompletitud. Pero para qué estar lleno si va uno a sentirse vacío, tal y como él. En fin. Ya veremos. Cada quien a su camino. Está haciendo una brisa hermosa. Basta algo así para sentirse satisfecho.

      sábado, 14 de julio de 2012

      Ven...


      Ven, mujer, al alma mía.
      ¿qué no ves que está queriendo amarte?
      Ven a tocar las cuerdas de mi vida,
      a hacer sonar todas sus melodías

      (se guardan en sonetos y poesías).
      Pues si somos nosotros el uno
      más el uno, ¿por qué te vas y callas,
      por que te me pierdes entre las ramas?

      Ven a buscarme; no me dejes ir,
      que de tanto querer quererte,
      estoy sintiendo dolor en el pecho.

      El río y la vida van a su destino,
      siguen su propio ritmo;
      ¿por qué me obligas a abandonarte?

      Oración a San Antonio


      Oración a San Antonio.
      "¡Quien se abandona al desánimo 
      se ve al instante herido! ¡Despedazado! 
      ¡Desangrado! ¡blanco de vergüenza!" 
      Louis-Ferdinand Céline


      La poesía escoge sus guerreros; la guerra elige las armas.
      Guerreros y poetas solo hacen movimientos que ellos
      mismos entrevieron en sus propios sueños.
      Se ven como destino de su propia miseria y su
      atolondrado corazón. Misericordia. Y entonces 
      -solo entonces- nace la plegaria del necesitado.

      Un día como cualquiera, una noche como tantas
      habrás de encontrar el reflejo en el estanque: 
      no te aflijas por lo que eres, ni lo que serás.


      Olvidémonos de las ofensas y miremos 
      nuevamente hacia el horizonte. 
      Ni más ni menos, todos dueños de
      nuestro propio imperio.
      Dejemos el cansancio para la muerte. 
      Y la muerte ya no será una preocupación,
      ni la vida tampoco. Cuando entendamos
      sin arandelas que vida y muerte no son diferentes.


      Vuelvo a mi punto de partida, el mismo de 
      todos los demás. Vuelvo con la cara sonriente;
      agotado por lo que hice; nostálgico por lo que 
      dejo; feliz por lo que logré.
      No adoctrinaré, pediré ayuda. La ayuda
      que siempre necesita el que no 
      sabe donde pisar firme, donde ir, el 
      siguiente paso. El auxilio del perdido.


      (Todos santos, profanos, buenos, malos y torpes.
      No hay ninguna diferencia, ni siquiera
      en la manera en que se expresa.)


      Lo que es, será. Y entonces volveremos 
      el rostro al sol sin sentir que quema. Con 
      la sonrisa de un hecho que no es profundo,
      de una palabra que no es falsa,
      de un beso que no distancia,
      de una palabra que añora:
      San Antonio, el de los objetos perdidos,
      ayúdame a encontrar el camino.
      Mi camino...